pergaminom. Piel de ciertos animales (generalmente oveja, cordero, cabra o ternera), pelada, reblandecida, curada y estirada, que se utilizaba para escribir en ella o, más tarde, para encuadernar libros. etimologíaDel latín medieval pergaminum, con el mismo significado, del latín tardio pergamina, variante de pergamena, a su vez del griego pergamene, forma femenina del gentilicio pergamenon, 'de Pérgamo', porque fue en esta ciudad de Asia Menor donde, según una tradición romana, comenzó el uso masivo de las pieles de animales como material de escritura. Fuente CB., DRAE., TLF., OLED., etc. Comentarios1.- Como ha recordado recientemente Alberto Manguel en su ensayo La biblioteca de noche (Alianza Editorial, 2006), Plinio el Viejo, en su Historia Natural (XIII, 69-70) describe la rivalidad que existía en el siglo II antes de Cristo entre la biblioteca de Alejandría y la de Pérgamo, que llevó al rey Ptolomeo V Filadelfo de Egipto a prohibir la exportación de papiros a Pérgamo, para privar de materia prima a los copistas de la biblioteca rival, ante lo cual el rey de esta ciudad, Eumenes II (197-158 a.C), ordenó que se perfeccionase la fabricación del soporte hecho con pieles de ganado, que tuvo tanto éxito que acabó por desplazar al papiro, hasta ser sustituido a su vez por el papel. Dice concretamente Plinio, con extraordinaria concisión:
O sea:
Como él mismo admite, Plinio (23-79 d.C) habla de segunda mano, citando al polígrafo Marco Terencio Varrón (116-27 a.C), sin duda en referencia a una obra hoy perdida. En todo caso, aunque la anécdota que da origen a la palabra pueda ser verídica, lo que no es exacto es que en Pérgamo se descubriesen las pieles tratadas de animales como soporte de escritura. En realidad, el pergamino más antiguo del que se tiene referencia procede del propio Egipto y data de la IV Dinastía (2700-2500 a.C.), y los historiadores griegos, entre ellos Herodoto, mencionan su uso común entre los persas. Se conserva, incluso, un pergamino griego del s. II a.C. San Isidoro debe de beber de Plinio, cuyo error histórico comparte, cuando afirma en sus Etimologías (VI, XI, 1):
O sea (más o menos):
Adviértase que Plinio, ya en el siglo I de nuestra era, no utiliza el término pergaminum o pergamena ni relaciona la anécdota con él, sino que sigue usando exclusivamente el término más genérico membrana, 'piel de animal', que con el significado de 'pergamino' siguió usándose en latín, incluso en la Edad Media, y figura todavía con esta acepción en el Dictionarium latino hispanicum de Nebrija (1495). El propio San Isidoro, seis siglos después de Plinio, aunque titula el capítulo De pergamenis, sigue utilizando el término sólo como gentilicio y, aunque alude claramente a su transformación semántica, sigue designando a los pergaminos como membrana, tal como se ve en la cita anterior y en la que incluyo en la voz libro. La primera documentación del étimo latino procede del Edictum de pretiis rerum venalium (301 d.C.), con el que Diocleciano trató de sofrenar la inflación rampante en el Imperio (nihil novum sub sole) por el expeditivo pero infructuoso expediente de fijar precios máximos a las mercancías, entre ellas a las membranae pergamenae, nuestros pergaminos. De ahí que el término siguiera usándose como adjetivo durante muchos siglos, incluso en el latín medieval, en el que, además de membrana se denominaba al pergamino pergamena charta. Según parece, el primero en utilizar pergaminum como sustantivo masculino fue San Jerónimo (330-420), pero no he podido confrontar la fuente. 2.- A pesar de su tardía incorporación al latín, las lenguas romances importaron el término muy tempranamente, seguramente por vía monástica, dada la interrelación clero-latín-manuscritos en los scriptoria. En castellano, la primera documentación de "pergamino" se encuentra nada menos que en Gonzalo de Berceo. En su Vida de Santo Domingo de Silos (ca. 1240), y en una de sus frecuentes incursiones como narrador en el texto, el buen cura riojano comienza a relatar un milagro con que el santo benefició a un ciego, pero se irrita porque no consigue entender la palabra del manuscrito en latín que está parafraseando, y dice así (estrofa 609):
El segundo hemistiquio del último verso es claramente una exclamación de disgusto, casi un juramento. Adviértase, no obstante, respecto al uso de "pergamino", que la obra de Berceo, contra su fama de castiza, abunda en cultismos y latinismos, pues el autor era bastante más letrado de lo que él mismo nos da a entender en su famoso exordio a este mismo poema. 3.- Solo en el italiano pergamena se conserva la forma original del étimo latino, femenina y con -e-, mientras que los demás idiomas romances han adoptado la terminación masculina y la -i- en la penútlima sílaba, variante ésta que puede explicarse por la aparición tardía de la palabra en latín, en un momento en que comenzaba el "itacismo" en griego (la pronunciación de la "eta" como "iota"). Así, junto al término castellano, el cat. pergamí, o el portugués pergaminho. Por su parte, en francés, pergaminus sufrió la influencia fonética de parthica [pellis], es decir, `piel de los partos', pueblo de Asia; parthica dio en parche, y pergaminus, por ello, en parchemin. De aquí tomó el término el inglés, que le añadíó el sufijo -ent para obtener su parchment. Del étimo latino, directamente o a través del francés o el inglés, han tomado el término equivalente la mayoria de las lenguas modernas, salvo, claro está, el griego, que conserva el pergamene original. AutorSolitarius Volver |